Desnudarse de uno mismo: identidad, estereotipos y relaciones de poder

por fidelservus

Mi historia en la FemDom hasta llegar a donde estoy, en paz conmigo mismo, está llena de altos y bajos, supongo que como la de todos los demás. El mundo de la sumisión masculina en la FemDom está lleno de estereotipos sobre ellos (s) y sobre Ellas (D). Modelos de relación que cuando empiezas en el mundo del BDSM lejos de ayudar a decir y a decirte entorpecen y vician las dinámicas, llenando de supuestos comportamientos que deberías tener si es que te quieres consideran un buen s.

El peso de los estereotipos

En realidad no es sino con el tiempo y la reflexión como uno va descubriendo que no hay modos concretos ni rasgos psicológicos que definan a los s o a las D. Uno tiene que aprender a integrar su identidad en el marco general de su personalidad, y tiene que hacerlo como pueda porque poco se habla de personalidad y BDSM en general más allá de cuatro estereotipos mal puestos pero que funcionan muy bien a nivel de mercado y cliente: el pelele, el beta, el alfa, el jefe pero que en la FemDom se vuelve sumiso…

Cuando empezaba a acercarme a estos mundos no tenía ni idea de lo que era la FemDom soft y la FemDom hard y a mí me parecía que yo no debía ser sumiso del todo, que algo no andaba bien. Siempre he sido inquieto y muy pro-activo, vital e intelectualmente, lo que me ha llevado a ocupar puestos de liderazgo. Eso no me convierte ni en un mandón, ni en un jefazo, ni en ninguna de las típicas tonterías que se deducen del estereotipo del jefe que en sus ratos libres juega a que la secretaria le azote el culo. Pero es verdad que a la FemDom vengo con lo que soy, con quien soy, y parte de lo que soy es alguien con una actitud muy pro-activa ante la vida y las relaciones.

Prácticas vs. dinámicas: el descubrimiento clave

Cuando empecé yo no me planteaba qué tipo de FemDom era el que me ayudaba a deconstruirme, a sacar las capas de ruido que todos llevamos encima hasta dejar el corazón descubierto y vulnerable ante el otro. No me planteaba que provocaba las rupturas de nivel que me permitieran entrar en terreno sagrado y romper por un momento o por muchos con las dinámicas con las que me conducía en mi vida laboral o personal. Me centraba en prácticas y no en dinámicas. Si se coincidía en las practicas y había feeling entonces me lanzaba a una D/s.

Pero eso, descubrí, es un error. Porque no son las practicas sino las dinámicas las que generan el marco general de la relación. Son las dinámicas las que nos permiten romper el nivel mucho más allá de las practicas. Pero yo no lo sabia. Así que con frecuencia encontraba afinidad en las practicas con D que luego en la dinámica no sabian como ayudarme a deconstruirme y mi yo pro-activo tomaba el control de la relación y para arrearlo acudía a los estereotipos arriba señalados tratando de salvar la relación y forzándome a ser sumiso de un modo que no soy.

Verticalidad sin romance

Tardé mucho tiempo en darme cuenta que en mi caso horizontalidad y verticalidad no casaban y que por lo mismo romance y FemDom, en mi caso, repito, no iban de la mano. Pues el romance siempre pedirá algo de horizontalidad por mínimo que sea. Si tenía que desnudarme de mi ser para poder llegar a mi identidad sumisa y tenía que hacerlo sin acudir a los estereotipos clásicos que no son en realidad ayuda alguna tenía que abrazar el camino de la verticalidad en Ella y para Ella.

Y al hacerlo me descubrí viviendo una libertad como no había experimentado hasta entonces, me sentí pleno. Libre. Siendo más yo de lo que jamás había sido antes.

Hoy que me se decir, se que yo puedo aportar a una D fuerte, que sabe ayudarme a deconstruirme, a desnudarme, a romper el nivel. Una D con la que comparta una dinámica estrictamente vertical, que no descarnada, fría y sin sentimiento. Una D con la que camine a un modo de entender la servidumbre y la posesión que me permitan dejar de ser yo para ser yo en plenitud siendo en Ella y para Ella.

Hoy se que mi modo de ser yo en la FemDom es desvistiéndome de mí.

fidel

Lo que fidel describe aquí trasciende el BDSM: el descubrimiento de que los roles que adoptamos no son nuestra identidad, sino capas acumuladas. Y que solo cuando encontramos un espacio donde podemos despojarnos de ellas sin miedo al juicio, tocamos algo parecido a la autenticidad.

Él lo encontró en la verticalidad extrema. Lo fascinante de su relato es cómo desmonta la idea de que la sumisión es pasividad. Al contrario: requiere una claridad brutal sobre quién eres, sobre qué dinámicas te permiten ser más tú y cuáles te fuerzan a actuar.

Y quizá esa sea la verdadera subversión de la FemDom cuando se practica desde el autoconocimiento más descarnado: no es un juego de roles, sino un laboratorio de identidad. Un lugar donde se puede dejar de fingir porque la dinámica lo exige, uno mismo se lo exige para transformarse en manos del otro y llegar a ser quien se es, sin filtros, sin etiquetas, sin pose. Porque sin esa desnudez brutal, la verticalidad no es más que teatro. Y el teatro, tarde o temprano, agota.

ScheherezadeDom

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