El otro día hice una boutade en Twitter sobre mi inminente profesionalización. Coincidiendo con esto, entrevisté a Mistress Furia Fuego, un Ama Profesional carismática donde las haya. Mientras elaboraba las preguntas y después al leer sus respuestas, no dejé de pensar en algo: la profesionalización de la FemDom me parece tremendamente difícil
¿Por qué es tan difícil profesionalizar la FemDom? Porque requiere condensar en 60 o 90 minutos lo que una Dominante vocacional puede tomarse semanas en construir: confianza, lectura psicológica, y la creación de una experiencia auténtica. No hay margen para el tanteo, para retroceder si algo no funciona, para dejar que la química se asiente. Yo puedo equivocarme, explorar, cambiar de rumbo. Una Profesional debe acertar desde el primer momento: leer al sumiso, sostener su estado mental, calibrar límites, y crear una experiencia memorable. Debe saber no excederse ni quedarse corta, hacer que la sesión avance con un ritmo y una dinámica adecuados al momento, intuir lo que no ha quedado explícito en la playlist y, sin embargo, puede hacer avanzar al sumiso hacia un camino no explorado. Cada sesión es un salto al vacío con red de seguridad, pero sin ensayo previo. Y eso requiere un nivel de pericia y sangre fría que no todas poseemos.
Y hay algo más que pocas se atreven a nombrar: Ellas deben procurar la mejor sesión se encuentren como se encuentren, tanto física como anímicamente. No pueden permitirse un día malo, un dolor de espalda, una crisis personal. Es cierto que pueden disponer de un atrezzo que colme las fantasías de muchos fetichistas, pero aún así deben destillar una seguridad en sí mismas encomiable. Y no todas la tienen.
Deben plantearse un futuro incierto en un mundo donde la imagen es lo prioritario, competir con nuevas dinámicas y tecnologías, actualizarse con formas de contactar o de cobrar que cambian cada año, llamar la atención por encima de las jóvenes que se muestran con toda su lozanía. Y tengo la sensación de que la experiencia, que en otras profesiones es un valor, en la FemDom Profesional no siempre se reconoce.
Por parte de los clientes: aunque existan foros donde comentar cómo ha sido su experiencia con tal o cual profesional, muchos son olvidadizos o perezosos. Van probando novedades ante la variedad de la oferta que se les presenta constantemente, sin valorar la maestría que da el tiempo.
Por parte de las profesionales nuevas o jóvenes: la experiencia tampoco funciona como referente. Las que entran en el circuito no muestran curiosidad por aprender de quienes llevan años en esto, y todo ese conocimiento acumulado se pierde sin transmisión generacional.
Y cuando empiezan a cruzar la cincuentena, cuando el cuerpo ya no responde igual y el mercado empieza a mirar hacia otro lado, ¿qué queda? No hay jubilación, no hay red de seguridad. Solo la pregunta de cuánto tiempo más podrán sostener el personaje antes de que el escaparate se quede vacío o sea ridículo. Ese es el motivo por el que muchas, tras una determinada edad, acaban desapareciendo no sólo en las redes sino, incluso, para sus clientes más allegados.
El espectro de lo profesional
Cuando Yo empecé mis andanzas por el BDSM e iba a reuniones, munchs, fiestas públicas y privadas, talleres, etc. conocí a algunas Dóminas Profesionales en persona. De todo hay, como en botica, algunas eran fascinantes con su sola presencia y otras parecían, en cambio, un pálido reflejo de lo que Yo considero que debe ser la encarnación de la seducción femenina autoritaria y consciente de su poder. Ninguna somos perfectas, Yo tampoco. Pero es verdad que en el imaginario que Yo tenía, una Dominatrix debía poseer unas características intrínsecas que, sin ser disonantes con su apariencia y personalidad, encarnaran lo que ahora se llama empoderamiento de la mujer.
Al mismo tiempo desde las redes me llegaban imágenes de supuestas Amas Profesionales para todos los gustos, desde la que se buscaba un hueco a base de enseñar todo lo enseñable, las que eran hermanas y trataban que alguien les diera algún like a unas fotos hechas en un piso de alquiler mal pintado o las que se mueven a medio camino del esperpento y la chabacanería.
Discreción vs. escaparate: dos formas de ser Dominante
Yo siempre he elegido la discreción. No por miedo, sino porque mi Dominación necesita intimidad, tiempo, ausencia de miradas ajenas. Las Profesionales, en cambio, no tienen ese lujo: deben estar visibles, localizables, expuestas. Su valentía no está solo en dominar, sino en hacerlo bajo la mirada de una sociedad que todavía no acepta del todo lo que hacen. Eso implica un nivel de exposición que Yo nunca he estado dispuesta a asumir.
A mí me gusta observar a las personas, y el BDSM es un ambiente que puede dar mucho de sí. Cuando me enteraba de que había alguna profesional, no solo me gustaba ver cómo actuaban Ellas sino cómo actuaba su séquito—porque algunas van con séquito—. También las pude ver haciendo algún show y me encantaba su parafernalia. Pero, lógicamente, prefería hablar con Ellas en privado, a corta distancia, porque trataba de aprender de Ellas. Para mí eran fuente de aprendizaje y lo siguen siendo.
Recuerdo paseos con mi querida amiga Dómina Cloe, de la que aprendí muchísimo, alguna reunión y fiesta FemDom a la que fui, y algunos encuentros en los que pude notar disonancias entre el personaje de la Dómina y la persona. En algún momento conocí a mujeres que habían sido devoradas por su personaje y su pasado, otras llenas de ilusión por abrirse camino y hacerse un nombre creyendo que en ese mundo sin piedad tendrían un hueco. Alguna evolucionó hacia otros derroteros y desapareció de la escena FemDom.
De algunas me acuerdo y de otras no, lógicamente. Lo que me queda claro es que había una gran diferencia entre la mujer que quería profesionalizar su FemDom, y la que usaba la profesionalización como forma de buscarse la vida—que la creían fácil—.
Para mí, Ellas han funcionado como un espejo: en algunas me fijé y envidié, y de otras me burlé. Lo que sí está claro es que son y seguirán siendo un modelo para las que nos adentramos en el mundo de la FemDom, porque son las que tienen visibilidad, carisma, imagen, recorrido mediático, les hacen entrevistas y muestran su imagen con orgullo.
La pregunta que me devuelven las Profesionales
Al final, las Profesionales me devuelven una pregunta incómoda: ¿podría Yo hacer lo que Ellas hacen? ¿Sostener mi autoridad ante un desconocido, en un tiempo limitado, con la presión de que pague por sentirse satisfecho? ¿Mantener la excelencia estén como estén física o emocionalmente? ¿Competir en un mercado que prioriza la imagen sobre la maestría, que valora la novedad por encima de la experiencia? ¿Enfrentarme a un futuro incierto sabiendo que llegará un momento en que el cuerpo ya no responda igual y el escaparate se quede vacío o sea ridículo? La verdad es que no.
Quizá por eso sigo observándolas con esa mezcla de admiración y distancia. Son mujeres que van de frente, que no se esconden, que hacen visible lo que Yo prefiero mantener en la sombra. Integran una profesión difícil con una valentía que a mí me falta o no me interesa tener. Yo elijo la discreción, Ellas eligen el escaparate. Y ambas decisiones tienen su precio.
Y por eso, cuando una de Ellas me ofrece su tiempo y su experiencia, escucho con atención. Porque tienen respuestas a preguntas que Yo ni siquiera me atrevo a plantearme.
ScheherezadeDom
Muy interesantes sus reflexiones que en su gran mayoría comparto.
Me alegra que te guste. Gracias por dejar tu comentario
Artículo muy lúcido y necesario. Has puesto palabras a algo que muchas sentimos pero pocas verbalizan con esta claridad: la enorme exigencia que implica profesionalizar la dominación sin perder autenticidad ni ética.
Desde mi experiencia como dominatrix profesional, coincido especialmente en esa idea de “acertar desde el primer minuto”, de sostener mentalmente al otro sin margen para el error, incluso cuando el cuerpo o la cabeza no acompañan. Es una responsabilidad que rara vez se valora desde fuera. Gracias por abrir este espacio de reflexión tan honesto.
Gracias por validar desde la experiencia lo que intenté analizar desde la observación. Esa «responsabilidad que rara vez se valora desde fuera» es exactamente el punto ciego que quería iluminar.
Testimonios como el suyo le dan peso al análisis. Le agradezco que se haya tomado el tiempo de compartirlo.