Los Pactos en el BDSM: Límites, Sumisión y Poder en la D/S

El papel de los pactos BDSM en una relación D/s

La teoría nos la sabemos todos. Los pactos en el BDSM están para cumplirse. El problema viene cuando bajamos de la teoría a pie de calle. Las relaciones personales son siempre ricas y complejas en matices, y el BDSM no solo no elimina esta complejidad, sino que en muchos casos la multiplica debido a los elementos psicológicos y emocionales que intervienen en la asimetría. Para poder analizar el papel de los pactos en la D/s y repensar de un modo práctico dónde trazar la línea más allá de la cual ya no queremos ir, es necesario alejarnos de otra de esas frases fáciles de Twitter: todas las relaciones son distintas. Sí, es verdad, cada relación es un mundo, pero hay ciertos elementos objetivos y reconocibles que nos ayudan a saber dónde estamos. Pero vamos poco a poco.

El marco de los acuerdos y de los pactos en el BDSM

Los acuerdos expresan un marco de comprensión en el que queremos que la relación, puntual o dilatada en el tiempo, se mueva. Le corresponde a los implicados, a todos ellos, establecer el marco adecuado en el que se sientan a gusto. Los acuerdos están para cumplirse y todos los roles se desarrollan sujetos a lo que se ha pactado. Por supuesto, los pactos no son la Palabra de Dios y deben ser cambiados, ampliados, modificados, revisitados, enriquecidos… la única condición es que todos los implicados estén de acuerdo con lo propuesto y sean conscientes del proceso de revisión.

Esto, en una relación cuyo vínculo es más de tipo recreativo o puntual, es más fácil. La dificultad vendrá de la capacidad que tengan de comunicación unos y otros. Pero ¿qué pasa en una relación de vínculo, asimétrica, 24/7? Pues igual dirán algunos. Sí y no.

La dinámica en una relación 24/7

En una relación de servidumbre intervienen una serie de factores emocionales y psicológicos que habría que tener en cuenta. En una relación así, D está acostumbrado a mandar. Ambos lo quieren así y ambos desean una relación de verticalidad real. Para D, que su momento, su situación, su estado de humor sea una prioridad, es normal. Es lo que ambos se han querido dar. Lógicamente, D tiene una responsabilidad de salir de sí mismo para testear el estado de s, pero en una situación de verticalidad real 24/7 el bloqueo yoico es una realidad. Y con ello no me refiero a que sea nada tremendo o malísimo. En absoluto. Es solo que se ha de tener en cuenta. En la orilla de s, los condicionamientos psicológicos y emocionales son el reflejo opuesto (y complementario) de lo que observamos en D.

Nuestra identidad como siervos es negarnos. Nos hace felices. Negarnos y someternos a la Voluntad (con mayúscula) de D. Ir más allá de lo que me gusta, de mi fetiche, de mi comodidad, de mí mismo, salir al encuentro de D y esconderme en él es lo que deseamos con todo nuestro ser. Ser parte de su mundo, desaparecer para aparecer siendo parte de D.

En este contexto (creo que en todos, pero en este modo agudizado), los acuerdos son más que una ley de entendimiento fluido. D gobierna y s es feliz con el gobierno. Y cuando algo duele (física y moralmente), se habla, pero s tiende a presentarlo como ofrenda ante el altar de D y D tiende a acogerlo como testimonio del amor devoto de s.

El silencio del siervo y el placer en la entrega

Normalmente, en un contexto de dolor moral, los siervos pecamos de silenciosos. Nos callamos y ofrecemos. Los elementos psicológicos y emocionales, que parten de la sublimación como modo de vida y de relación, aquí nos juegan una mala pasada. Y lo hacen porque, en muchas ocasiones, callarnos nos abre la puerta a experiencias profundas, sublimes, de placer. Sí, sí, de placer. Porque nos hace sentirnos siervos, propiedad, escondidos, poseídos. Es el placer que viene de la negación (tan potente para nosotros como el que viene del dolor para el masoquista). Y supongo, no lo sé, pero supongo que el placer de conceder, negar, cambiar, dictar, el placer de dictaminar para un D que gusta de la servidumbre, debe ser también algo potente y salvaje. Semejante poder…

¿Dónde encajan los pactos en esta ecuación?

Pero entonces, ¿qué papel tienen los pactos en una relación así? Pienso que en una relación con este nivel de vinculación, D necesita de ciertos atributos de s para mantener el equilibrio necesario en la relación, y s necesita de ciertos atributos de D para marcar las líneas rojas y no perderse en su modo de darse. De este modo, D tiene que superar sus bloqueos yoicos desde la compasión, la empatía, la comprensión, la cercanía… Todo muy fácil, menos cuando uno pasa por una etapa de bloqueo. Y es que, precisamente, lo que s valora en muchos momentos de la relación es que D no tenga compasión. Y ustedes dirán: “Ya, pero hombre, hay que aplicar el sentido común”. En mi experiencia, el sentido común es el menos común de todos los sentidos, y además, bloqueos tenemos todos. Saber salir de ellos es un arte esquivo para quien no se ha trabajado por dentro. En esos momentos de bloqueo, mirar a s, a su entrega, puede ayudar a ir más allá de uno mismo.

Y el siervo tiene que ser capaz de plantear un realismo mágico en el que no todo sea idealización y sublimación. Tiene que haber un enseñoreo de sus propias emociones que le permita rastrear dos elementos claves:

  1. Su salud emocional y mental.
  2. Si, cuando se decide a verbalizar incomodidad por los cambios, es escuchado.

Aquí, como en el caso de los D, si no hay trabajo personal interior, es muy difícil ir más allá de la pulsión de negarse a uno mismo.

El BDSM es un asunto de adultos informados, y yo añadiría que de adultos que se han hecho al menos maestros de sus propias emociones. Con ello no quiero decir que haya que tener un máster para lanzarse a una D/s, pero sí que cierta capacidad de observación, reflexión y análisis sobre el propio mundo interior es clave. Yo no cambiaría ni por un segundo mi modo de sentir. Soy siervo y me siento muy orgulloso de serlo. En amar, servir y perderme en D está la cumbre de mi placer. Pero soy consciente de que muchas veces juego con fuego y tengo que tener las herramientas necesarias para, en caso preciso, saber apagarlo.

fidel

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