Son las 6 de la mañana. Hay que ir levantándose. Me despierto y miro mi teléfono móvil. Whatsapp. Nada. Abro Telegram. No hay mensajes, pero sí una advertencia. Hoy es el cumpleaños de ScheherezadeDom. Joder. No lo sabía. Voy a afeitarme, a vestirme y a desayunar. Cuando llegue al trabajo la felicito.
7.30 a. m. Ya he fichado. Antes de empezar la jornada, cojo mi móvil, abro Telegram y tecleo «Felicidades Ama. Que pase un buen día. Su siervo. A». No esperaba que me contestara tan rápido, pero se ve que su cumpleaños todavía le hace ilusión y le cuesta dormir. Gracias «A», me responde tan solo unos minutos más tarde. ¿Qué vas a regalarme?
—Hummmmmm, maldita sea. Ya sabía yo que tenía que haber sido más proactivo y regalarle algo. Ahora seguro que haga lo que haga, me dice que no le gusta. Cada uno es como es, y yo, aunque servicial, soy dubitativo.
—¿Qué le complacería que le regalase?, le pregunto. Haré lo que me pida. No obtengo respuesta hasta pasadas tres horas. Lo que veo me deja de piedra.
Un relato. Escribe un relato para el blog, me dice. Genial. No se me da mal del todo escribir. Ya he escrito con anterioridad algún relato para el blog y no ha ido del todo mal. A fuerza de ser modesto, han gustado bastante.
Pero eso no es todo. Hay otra pregunta. Oye «A». ¿Cuánto te mide? Jodeerrrrr. ¿Piensa utilizarme como esclavo sexual? No lo sé. Nunca me la he medido, en realidad, le contesto. Coge una cuerda y mídetela, me dice.
—Pero ¿de dónde voy a sacar yo una cuerda?, pienso. Recuerdo que en el almacén tenemos cordeles con los que anudamos algunos paquetes, y hacia allí me dirijo. No es el primer paquete que mando, así que a nadie le extraña que coja una cuerda.
Voy al baño y la mido. 18 centímetros. Yo creo que de normal no es tanto, pero la excitación hace que esté a punto de tocar el techo. Voy a decírselo cuando veo un enlace y una orden. «Así es como se mide».
Abro el enlace y me encuentro con una entrada anterior de su blog. La entrada sobre la guía sobre las jaulas de castidad. Sigo leyendo y veo todo el mensaje. Así es como debe medirse de manera adecuada un pene, para elegir la jaula de castidad más adecuada para él.
Me doy cuenta del problema en el que me he metido. Mi Ama tiene una vieja aspiración. Enjaular mi pene. Ponerme en castidad y controlar mis orgasmos. Hasta ahora, me he resistido dando largas y excusas. Ahora me veo preso de mis palabras.
—Tienes que medir tu pene cuando esté flácido, que conociéndote bien no será ahora —me dice burlona—. Y la base de tus testículos. Cuando tengas las medidas, vas con ellas a (me indica una dirección) y preguntas por María. Le dices que eres Mi sumiso y que quieres una jaula de castidad para estas medidas.
—Te la pones allí, y acudes al local en el que nos conocimos a las 20.00. Antes de venir, me envías una foto. Ni se te ocurra quitártelo. Vente preparado para ser inspeccionado.
Aturdido, cabizbajo y sorprendido, sigo mi jornada laboral. Reconozco que debido a la excitación no he sido muy productivo. Gracias a la jornada de verano, salgo a las 15.00 y me voy a casa, a comer y descansar. Me espera una tarde larga.
A las 17.00, duchado y con ropa limpia, salgo para el lugar que me ha ordenado Mi Ama. Llego a la hora de la apertura, porque no quiero que haya nadie más. Allí ya se encuentra María, que me pregunta en qué puede ayudarme.
—Soy el sumiso de ScheherezadeDom, le digo. Mi Ama me manda para comprar una jaula de castidad para estas medidas. María me mira, se da la vuelta y me pregunta por el material. No he pensado sobre ello y le digo que no lo sé, que qué me recomienda.
—Metal. Es más pesado, pero a tu Ama le gustará. Y a ti te recordará a quién perteneces. Metal entonces. La tal María no parece muy sorprendida. Parece bastante acostumbrada a vender este tipo de artilugios.
—Son 69,95 —me dice—. ¿Es para regalo o se la llevará puesta?, y noto cierto tono burlón. Tragándome mi vergüenza, le digo que puesta. ¿Necesita ayuda?, pregunta burlonamente de nuevo. —No, gracias— le contesto. Creo que podré ponérmela yo solo.
—No voy a ponértela, capullo. Le pregunto si necesita ayuda porque estás muy excitado y es posible que necesites hielo para bajarla.
—Ok, no le había entendido. Necesitaré hielo, sí. O agua fría. Paso al probador, y María me acerca una bolsa de hielo. Abro la caja, veo las piezas y pienso: ¿de verdad voy a hacer esto? No me lo pienso mucho más y tiro palante.
Consigo poner el anillo y empiezo a aplicar el hielo. Trato de pensar en cosas que me desagraden, para bajar mi excitación. Cuando ya he conseguido que mi pene esté flácido, me pongo la jaula. La cierro y pongo el candado. Envío la foto y rápidamente recibo contestación. «Buen siervo».
Salgo del local y María se despide de mí. Adiós, que la disfrute, me dice riéndose. Me voy sin decirle nada. Aún quedan dos horas hasta la hora en la que he quedado con Mi Ama. Se me hacen larguísimas. Me estoy volviendo loco de excitación.
15 minutos antes de la hora acordada, ya estoy en el local. Sé que tengo que llegar puntual, pero hoy más que nunca. Llega Mi Ama y se acerca a mí, haciendo ademán de saludarme con dos besos. Mientras me da uno de los besos, lleva su mano a mi entrepierna y comprueba que he seguido sus órdenes. Emite un gruñido de satisfacción y me dice: buen chico.
¿Vamos a cenar?, le pregunto. Íbamos a cenar, sí. Pero ahora que te tengo donde yo quería, he cambiado de opinión. Vamos a otro sitio. Quiero disfrutar de Mi regalo como Yo merezco.
Relato escrito por aksel para Tras la huella de una Dómina.