Cuando el «consentimiento» se convierte en coartada
En redes sociales circula una narrativa peligrosa: parejas que celebran la destrucción física progresiva como prueba de «dominación absoluta». Atrofia genital, pérdida de función eréctil, daños irreversibles… todo validado bajo la bandera del consentimiento. Pero, ¿acaso consentiríamos celebrar cualquier otra forma de autodestrucción? ¿Dónde está el límite entre BDSM genuino y manipulación despiadada?