¿Eres sumiso siempre o solo ante alguien concreto?

Si llegas desde la entrada anterior, ya sabes por qué es tan difícil encontrar lo que buscas. Esta es la pregunta que viene después.

Hay hombres que llevan años sin encontrar respuesta a algo que no saben del todo cómo formular. Se reconocen en la sumisión —o creen reconocerse— pero algo no encaja. Van a quedadas, entran en grupos, leen blogs. Y no sienten nada especial. O sienten incomodidad. O aburrimiento. Y entonces llega la duda: ¿será que no soy tan sumiso como pensaba? ¿Será que me lo he inventado?

No se lo han inventado. Pero puede que estén buscando en el lugar equivocado.

No todos los sumisos son el mismo sumiso

Hay sumisos que se someten ante cualquiera que tome el mando con convicción. La figura les basta. La dinámica les activa. No necesitan un vínculo previo, ni tiempo, ni conocerse.

Y hay otros que no funcionan así. Que en una quedada BDSM permanecen fríos. Que ante una Dominante desconocida no sienten más que distancia educada. Que han pasado por dinámicas que sobre el papel eran lo que buscaban y han salido de ellas sintiéndose más solos que antes.

Estos hombres no son menos sumisos. Son otro tipo de sumiso.

j. me escribió hace poco. Desde pequeño sintió la llamada —lo describe con una precisión que no deja lugar a dudas. De noche, en su cuarto, imaginaba que una niña algo mayor le ataba y le daba azotes, y sentía placer y vergüenza a la vez. Con los años aquello fue tomando forma. Pero nunca llegó a consumarse del todo. Tres experiencias en toda una vida que «rozaron el lado oscuro», dice él. Un matrimonio feliz, color vainilla, con una mujer a la que quiere. Y una pulsión que vuelve por temporadas, que cree haber superado y que reaparece. «A veces me consume esta ansia como una llama. Aunque no siempre. Por temporadas me olvido, creo estar curado, pero tras unos meses vuelvo a sentir la atracción de la luna.»

Lo que me interesa de j. no es la permanencia de la sumisión —de eso hablo en otra entrada. Lo que me interesa es esto: no le atrae la Dominatrix de escaparate. No le excita la figura construida para ese fin. Lo que le tocó una fibra fue el anuncio de una mujer normal que buscaba un sumiso doméstico para conocerse. Algo tan simple, dice él. Eso es exactamente el sumiso que necesita el vínculo, no la figura. Lo que le activa no es la performance sino la persona.

Tipos de sumisos: el sumiso de dinámica y el sumiso de vínculo

Lo que activa la entrega

Lo que activa su entrega no es la dinámica en abstracto. Es la persona concreta. La atracción —no solo física, sino emocional. La confianza construida con tiempo. Lo que podríamos llamar, sin demasiado pudor, amor o algo que se le parece. Sin eso, no hay entrega. Con eso, la entrega puede ser total.

Dentro de este grupo hay matices. Hay quien puede someterse ante más de una persona a lo largo de su vida, siempre que ese vínculo se construya. Y hay quien solo ha sentido eso una vez, o dos, ante alguien muy concreto, y lo demás le resulta ajeno.

Lo que tienen en común es esto: no toleran que nadie más ejerza dominación sobre ellos. No es orgullo ni resistencia ideológica. Es que simplemente no funciona. El cuerpo no lo reconoce porque no hay vínculo que lo sostenga.

Yo tuve una relación de este tipo. Él se me sometía a mí. En una quedada, si otra mujer dominante intentaba cualquier gesto en su dirección, lo ignoraba con una naturalidad que no era pose. Si era dominante hombre directamente le molestaba. No era que se resistiera. Era que no estaba ahí para eso.

s. lo dice desde dentro

Hay una forma de explicarlo desde fuera, que es la que acabo de hacer. Y hay una forma de explicarlo desde dentro, que es la que tiene más valor porque viene de quien lo ha vivido.

s. lo describió así, y no voy a parafrasearlo porque no hay forma de mejorarlo:

«La sumisión tiene mucha importancia para mí, puesto que a través de ella puedo mostrarme tal y como soy. La sumisión me quita las capas, como si de una cebolla se tratase, y me quita las caretas que uno lleva en el día a día, revelando mi verdadera identidad, mi verdadera esencia.

La sumisión es mucho más que una experiencia física. Personalmente, opino que es una conexión emocional grandísima con la otra persona, con la persona que te Domina. De ahí que sea tan importante la elección de la persona a la que vas a dejar que te Domine. Y es que, yo no soy sumiso con cualquier mujer. Soy consciente de mi sumisión, y sé que habita en mí, pero no se la desvelo a cualquier mujer Dominante. Debe haber una conexión mutua y un conocimiento de la persona, para que se cree ese ambiente de respeto, confianza y de seguridad para que se pueda dar la magia entre un sumiso y una Dominante. Y ese proceso tarda mucho tiempo. Son muchas horas, días, semanas y meses de conversaciones para conocerse. No pasa de la noche a la mañana.

La sumisión toca mi sexualidad de la forma más profunda e íntima de mi ser, desnudando, no solo mi cuerpo, sino mi alma y mi esencia. Desata toda mi energía sexual y me deja en un estado de absoluta relajación, seguridad y comodidad. Me hace bajar totalmente la guardia y soltar todas las defensas para permitir que la Dominante, de su mano, me lleve a lugares en los que yo jamás había soñado que existían. Lugares mentales y emocionales. Juntos, nos sumergimos en nuestras almas y exploramos esos lugares, llegando a lo que se conoce como subespacio. El lugar más placentero en el que jamás he estado. Ese lugar, el subespacio, me permite mostrarme tal y como soy yo sin avergonzarme por ello. Y ahí, siento con la máxima intensidad la seguridad, el cuidado, el cariño, y la confianza de la mujer a la que me entrego.»

Someterse no es ser anulado

p. me lo explicó con una claridad que merece reproducirse. Hablamos de idealización, de lo que implica la entrega, y me dijo algo que llevo pensando desde entonces: no confundas lo bello que es sentir el poder y el control con desear ser anulado. ¿Dónde queda una relación si uno de los dos es anulado?

Lo que p. describe es una D/s entendida como complementariedad. Dos personas que son amigos, compañeros, cómplices. Que desde el respeto mutuo están ahí el uno para el otro. Y que dentro de esa estructura eliminan de la ecuación la lucha de poder —una de las grandes trampas de las relaciones convencionales.

No es rendición. Es una forma de relación con su propia lógica.

Lo que cambia si te reconoces aquí

Si llegas aquí buscando lo que buscas en los lugares de siempre y no encuentras nada, la pregunta no es si eres sumiso. La pregunta es qué tipo de sumiso eres.

Porque si necesitas el vínculo para que todo lo demás tenga sentido, buscar dinámicas sin vínculo es buscar en el lugar equivocado. No es que el mercado no tenga lo que necesitas. Es que lo que necesitas no está en el mercado.

Lo que necesitas es algo que no se encuentra. Que se construye.

ScheherezadeDom

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