Vivencias de una mujer que decide iniciarse por los caminos de la Dominación Femenina.

Después de alguna entrada donde pudimos escuchar cómo se expresan los sumisos hoy doy paso a una Dómina con la que tuve una conversación por FetLife en donde de forma encantadora y amable me expresó su agradecimiento por el blog que le ayudó a encontrarse en este mundo. Encontrar mi blog que en algún momento denominé como blog de principiantes, le ayudó a adaptar su personalidad y sus intereses a la Dominación que Ella necesitaba expresar y sentir.

Le dije que me contara algo de su experiencia y me dejó esto para vosotros. Para mí fue un gustazo leerla. Espero que para vosotros también


Siempre he sido una persona dominante, de pequeña me decían mis padres que era una «dominanta» y que no me iba a echar novio, que me iba a quedar «para vestir santos» como suele decirse. La verdad siempre me dio igual, nunca he sido la típica mujer que ha soñaba con su boda.
A los 18 años me mudé a otra ciudad para estudiar la carrera y conocí a alguien con el que estuve casi 14 años. Era una relación vainilla, y tranquila. Tuvimos pocas discusiones y creo que era porque él se dejaba llevar, las veces que discutíamos era las veces que intentaba imponerme algo. Volviendo la vista atrás me doy cuenta que era una relación cómoda, teníamos gustos afines y su carácter más pasivo encajó con mi lado dominante, pero todo de un modo muy sútil e imperceptible aunque la gente que nos veía desde fuera si notaba que era yo la que tenía más carácter. A lo largo de esos años yo notaba que me faltaba algo, aunque no sabía el que, el tiempo pasaba y un día me confesó que me había sido infiel. Ese fue el fin de nuestra relación y me di cuenta que había «desperdiciado» 14 años de mi vida, y digo desperdiciado, porque yo supe durante todos esos años que me faltaba algo, pero no lo busqué, simplemente dejé el tiempo pasar, me sentía querida y cuidada, yo por mi parte creía que lo quería y pensaba que con eso bastaba.
Era finales de 2018, tenía 32 años y no sabía que hacer con mi vida, lo único que sabía era que necesita cambios en mi vida, y encontrar por fin aquello por lo que había esperado tanto tiempo. Así que me corté el pelo, empecé a estudiar un nuevo idioma y me mudé al extranjero a trabajar. Fue una de las mejores decisiones de mi vida. Aquí descubrí mi nueva yo, y poco a poco descubrí que me volvía más exquisita y exigente con los hombres, aguantaba aun menos tonterías, la típica relación me parecía insuficiente e insalubre y poco a poco mi lado más dominante fue extendiendose y haciendose más visible.
Y aquí llegamos al meollo de la cuestión, podría haber empezado por aquí pero creo que necesitábais un poco de contexto para entenderme.
Hace algo más de un año un hombre con el que chateaba detectó mi lado dominante y me recomendó echarle un vistazo a Fet. Y aquí se podría pensar que tuve una revelación y que todo fue un camino de rosas desde entonces. Nada más lejos de la verdad. Teniendo claro que soy de carácter dominante, me hice un perfil y de inmediato me vi bombardeada por mensajes de supuestos sumisos que estaban encantados de dejarse hacer de todo por mi, de pagarme por mis molestias, y algunos que pretendían cruzar medio mundo para conocerme.
Creo que no hace falta explicar que ese exceso de atención acompañado de 1001 nombres de técnicas, fetishes, roles y demás, son capaces de volver loco a cualquiera. Recuerdo que cuando me hice mi perfil, te daban la opción de seguir a unos cuantos kinkers… Elegí al primero que me encontré y seguí intentando familiarizándome con la página. Para los que tienen perfil allí huelga decirles que la página es un poco tediosa y cuesta encontrar recursos para principiantes, o eso me pareció a mí. Me uní a un par de grupos y se me iba el tiempo en contestar los mensajes. Al poco tiempo de estar registrada, ese perfil al que seguía subió un par de fotos, eran de su sumisa. La mujer estaba de espaldas a la cámara y se veía claramente como sus glúteos y muslos estaban llenos de moratones. A riesgo de ofender a más de uno, tengo que decir que me horrorizó. Soy enfermera y mi trabajo ha sido siempre curar, nunca dañar. A pesar de entender que son actos consentidos, me impactó y mucho. Primera impresión mala, muy mala.
Decido no darme por vencida, y seguir investigando. Por cuestión de estadística seguro que hay alguién que piensa como yo, y no a todo el mundo le gustará lo mismo. Empiezo a buscar más perfiles de dominantes, mientras sigo contestando una decena de mensajes diarios. Ah todo esto en un idioma extranjero. Y aquí llegamos al segundo escollo. Después de ver innumerables perfiles de mujeres dominantes, llego a una conclusión. Hay solo dos tipos de mujeres dominantes. La dómina profesional, que se dedica a eso en mayor o menor medida, con su mazmorra, su colección de látigos, ropa de cuero, y demás o una Pseudómina (nombre autoinventado) que suele ser una niñata de menos de 40 años maleducada y prepotente, que se dedica a menospreciar y repartir insultos para acumular seguidores y cuatro pagafantas. Huelga decir que no me sentí en absoluto identificada con ninguno de los grupos. Segunda impresión peor, mucho peor. Vamos bien, pensé.
Como mujer testaruda que soy, sigo insistiendo en encontrar mi camino, sigo contestando a esa ingente cantidad de mensajes, que como os imaginaréis los supuestos sumisos con los que chateaba ahora no eran los del principio ni mucho menos, muchos desaparecieron por el camino como fantasmas, otros querían pagarme para que hiciera tal o cual, y a otros los rechacé yo porque mi «sentido arácnido» ya estaba en marcha.
El tiempo pasaba, quedé con un par de «sumisos», jugamos, fui cogiendo experiencia pero veía que no avanzaba. Sentía de algún modo que se aprovechaban de mi, que aunque en teoría era yo la que dominaba, qera yo la que me sometía a sus deseos, que invertía demasiado tiempo en contestar mensajes y mantener las mismas conversaciones que luego no llevaban a nada. Y todo esto me frustaba. Impresión sobre los sumisos en general, mala también.
Resumiendo, me «horrorizaban algunas técnicas», no me sentía identificada con el resto de mujeres dominantes, y los sumisos me cansaban y me frustraban. Me preguntaba qué hacía ahí, si no encajaba en ese mundo. Decidí darle otra oportunidad, la última. Dejé de lado las conversaciones con los sumisos, y me propuse informarme más sobre el tema. Entré en un grupo de literatura y empecé a leer libros. Ahí tampoco tuve demasiada suerte, la mayoría de libros de dominación hablan sobre cómo dominar a la mujer, mal vamos. Y el único que encontré sobre dominación femenina, habla sobre el hecho que todos los hombres necesitan/quieren ser dominados por las mujeres. Que es su estado natural. Suena muy bonito como fantasía, pero mi corta experiencia en fet me bastó para saber que eso no era cierto. Me vino bien la lectura para aprender un poco sobre consenso, técnicas, precauciones y casi todos los libros recomendaban, leer mucho, informarse, ir a quedadas bdsm, hablar con otros dominantes…etc.
Lo de hablar con otros dominantes lo descarté en un principio, ya os he comentado que no me interesaban las dos formas de dominación que había visto, en cuanto a lo de las quedadas, pues entre la pandemia, el trabajo, que me encuentro en un país que no es el mío pues tampoco ha sido fácil. Así que un día en una de las pequeñas pausas del trabajo, tiré de google. Busqué «dominación femenina» y entre unas cuantas páginas de dominación profesional, articulos varios, y mucho porno, encontré un blog para principiantes, un blog de dominación femenina. Decidí entrar y ponerme a leer. Otra de esas buenas decisiones en la vida. Cambió dos de mis percepciones no me tienen porqué gustar todas las técnicas, ni tengo por qué hacerlas si no me apetecen, ni la dominación femenina era lo que yo creía que era. Entendí que no necesito una mazmorra, ni dedicarme a ello profesionalmente, tampoco necesito menospreciar a la gente ni vertir insultos sobre mi perfil para atraer a moscones. Empecé a encajar en esta odisea que es la dominación femenina. Sigo leyendo, aprendiendo y sé que no estoy sola. Que aunque seamos pocas y casi invisibles, aquí estamos, viviendo nuestro lado dominante como nosotras queremos, sin dramas, sin insultos, sin «vender» nada a nadie. Solo viviendo.
El tema sobre los sumisos y los pseudosumisos los dejamos para otra ocasión.

Un saludo, E.

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