Los incipientes rasgos de sumisión/dominación


Soy una persona muy observadora y me encanta mirar cómo se relacionan las personas en cualquier segmento de edad. Desde que ando por la Dominación Femenina, como es lógico, tengo más agudizado el ver rasgos relacionados con la sumisión o la dominación, sin caer por ello en etiquetar a nadie a las primeras de cambio, ni de que mi comportamiento condicione esta observación. Sólo observo, no actúo de ninguna manera, sólo si se me pregunta puedo sutilmente hacer algún comentario discreto. Si en mi entorno cotidiano alguien, que no sabe que soy ScheherezadeDom, hace referencia a alguna forma de comportarse algo particular de alguna persona en terrenos próximos a la sexualidad, trato de expresar tolerancia con las diferentes maneras que tenemos de vivir la sexualidad, siempre desde la libertad y desde el consenso y no suelo decir nada más allá que esa trivialidad que es, a pesar de todo, muy necesaria.

Por poner un ejemplo, el otro día charlaban sobre los feos o no que son los pies, a mí que me gusta todo lo relacionado con el fetichismo de pies, traté de explicar que los pies son una maravillosa zona erógena tanto para la persona de los pies como para quien interactúa con ellos. Cierto es que la cara fue de horror ante esa explicación, pero Yo abrí una puerta con mi comentario a que se viera de otra forma. Con este ejemplo quiero decir que a pesar de lo que escribo por aquí, no intervengo de ninguna manera ni comento nada. Siempre soy extraordinariamente discreta e, incluso, casi, me veo como mojigata cuando algún compañero me dice de broma «anda pégame», ¿¡pueden imaginarse lo que pienso!? y contesto con mucha tranquilidad:»¿de veras? ¿aquí delante de todos?» ante su mirada de desconcierto y mis risas internas. Me pasan cosas de esas con relativa frecuencia como si ellos «intuyeran» que algo pasa conmigo, y sí, ellas también lo intuyen.

De los detalles que más me gustan observar es cómo se relacionan los púberes y los adolescentes porque a veces en esas sutilezas de interactuación entre ellos se ponen las bases de una futura sexualidad sumisa o dominante. El otro día una adolescente me comentaba que un chico le encantaba tumbarse en las rodillas de ella y ahí se mantenía tranquilo durante bastante tiempo mirándola desde abajo, mientras permanecían charlando en un banco o que cuando quiere que él haga algo lo coge por el cuello y nota el brillo de su mirada al hacerlo. Entre ambos existe un deseo sexual evidente y se nota que su relación no es la que podemos entender como estándar, si acaso hubiera alguna relación así, que no creo. La tan llevada y traída normalidad no existe, en realidad, pero para entendernos sí es lógico hablar de convencional o vainilla entre nosotros, los que caminamos por el ámbito BDSM.

Lo que vengo a decir con este ejemplo es que, los que tratan de relacionar la sumisión o la dominación con traumas y relaciones sórdidas de una infancia maltrecha se equivocan. No digo que no haya traumas e historias tremendas en el pasado de unos cuantos, pero esa no es la norma por lo que veo y por la inmensa cantidad de las personas con las que he conversado. Si me atengo a la inmensa mayoría de las personas con las que he hablado y, suponiendo que hayan sido sinceras, exceptuando algunos pocos casos, han llegado a la sumisión con naturalidad, a la dominación también, por propia evolución. En esos dos chicos, que hemos dejado en un banco con él tumbado en las piernas de ella, no hay trauma, no hay malas historias, hay descubrimiento y hay ir acomodándose a una sexualidad que ni siquiera tiene tintes de BDSM en principio, pero que podría dar lugar a algo así en un futuro, por otros datos que tengo. Y desde la perspectiva en que Yo los miro me parece precioso que vayan descubriendo una sexualidad sin etiquetas, aunque conocen lo de ser pasivo o activo o ser sumiso, lo conocen porque las sombras de Grey lo popularizó, aunque no sepan mucho más que algunas de las prácticas que se vieron allí. Ver cómo se desenvuelven, ver cómo van sutilmente despertando en un rol o con unos gestos que recuerdan a un rol es asombroso porque los veo en los inicios de su sexualidad y me resulta fascinante, pase lo que pase y tomen el camino que tomen.

Ellos están descubriéndose y me parece maravilloso, no necesitan ni requieren de etiquetas, ni de plantearse qué es ser buen sumiso o qué es ser un Ama, luego ya vendrá el tener que acomodarse a lo que uno se impone a partir de como lo juzgan los demás y, francamente es una pena, porque nos pasamos la vida midiéndonos para acabar viviendo a trompicones y a ratos únicamente. Con esto, tampoco quiero decir que la sexualidad BDSM sea la mejor, ni nada parecido, que hay quien se la coge con papelito de fumar, sino que veo que en muchas personas surge, brota, de forma absolutamente natural el deseo de dominación y sumisión, que no soy adivina y que pueden salir por peteneras los dos, lo sé, pero reconozco que notar esa sinceridad más allá de dogmas impuestos, de estereotipos, aunque ya los tengan, ver esa especie de inocencia me ha gustado y por eso he querido compartirla con vosotros.

Un porcentaje muy elevado de sumisos me comentaron que cuando recordaban su infancia y su adolescencia sentían algo parecido a lo que aquí cuento, al igual que desde la Dominación, que Yo recuerde, me sentía a gusto con un chico similar a ese. Me encantaba la docilidad no exenta de determinación, la mirada de adoración, la admiración. El ir un paso por detrás, figurado o real, el que esperara con tranquilidad mis decisiones. En la cama el dejarse hacer. Son rasgos no determinantes, lógicamente, pero sí significativos. Yo tardé demasiados años en darme cuenta y me alegra ver que quizás otros lo descubran antes y lo vivan con una naturalidad que a mí me costó asumir.

Me alegra volver a verles, por cierto, FELICES FIESTAS

ScheherezadeDom

5 comentarios sobre “Los incipientes rasgos de sumisión/dominación

  1. Encantados de volverle a leer. Es un placer encontrarle de nuevo en estas páginas para leer sus pensamientos sobre la Femdom.
    En relación a esta entrada estamos con Usted al no buscar traumas o situaciones vividas con anterioridad para gustar, disfrutar y hacer de la Femdom su estilo de vida. Simplemente es un descubrirse, un conocerse a sí mismo sin más. Todo el mundo, a lo largo de su vida, va conociendo, descubriendo e inclinándose por el gusto y el placer de vivir de la manera que le haga sentir él/Ella lo más cerca de la felicidad posible.
    Los que así vivimos este estilo de vida vemos con frecuencia actitudes, situaciones y modos que nos pueden sugerir que son propios de una relación Femdom. Pero una cosa no implica la otra, aunque en ocasiones si puede hacerlo. Por ejemplo, vemos una pareja que van paseando y él es el que lleva las bolsas de la compra mientras que Ella camina a su lado sin más.
    Unos lo pueden interpretar como que él es su sumiso y otros simplemente como un gesto de caballerosidad de él hacia Ella.
    Otro aspecto al que se ha referido es el de la discreción. Sabemos que no siempre se puede hablar abiertamente de este tema y como mucho expresar nuestro respeto por aquellos que han adoptado esa forma de vida. Solo en aquellas reuniones en las que los contertulios se conocen de forma abierta y sincera puede hacerse.
    Por último quisiéramos añadir que los conceptos y formas de vivir el Femdom adquieren un significado distinto en el seno de una relación Femdom que en una relación tradicional. Así pues el azotar, humillar, no significa lo mismo en una u otra relación. Y por supuesto defendemos que en una relación Femdom se puede y de hecho nosotros así lo hemos alcanzado, la Felicidad en su más grado sumo.
    Que nadie se escandalice al escuchar las palabras “dominacion”, “femenina” pues es una forma de vida mucho más sincera, mucho más exenta de tabúes y en la que ambos la asumen con respeto hacia el otro y con total libertad. No somos unos “bichos raros”.
    Gracias nuevamente a Usted por deleitarnos con sus palabras.
    SEÑORA A y jm{SEÑORA A}

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  2. Totalmente de acuerdo. Sentí esa atracción desde muy niño. Tendría como cinco o seis años cuando jugaba con mi vecina a ser su sirviente. Lo haciamos con cierta inosencia pero, sentía placer al hacerlo. Con los años, de adolescente fantasiaba con el asunto. Recuerdo a una señora (española por cierto) que se mudó frente a nosotros. Era guapisima y tenía algo que me hacía verla como una dómina. No conocía nada de eso pero, hoy lo entiendo. Eran muy fuertes las emociones que me provocba, hasta soñaba que era su sumiso y besaba sus pies y pierna. Siempre tuve esas preferencias y por muchos años pensé que había algo incorrecto en eso.
    Hoy, a mis 51 años, tengo la dicha de aceptar y abrazar mis pasiones. Soy afortunado de disfrutarlas con mi esposa actual. Soy su sumiso hace unos 5 años. Estamos aprendiendo muchas cosas todavía pero, ese niño asustado que no comprendía sus instintos hoy es un hombre seguro y pleno a los pies de su ama y esposa.

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  3. ¡Enhorabuena! Me ha parecido de lo más interesante que he leído sobre el tema nunca. Agradezco el esfuerzo que Usted hace para abordar distintas perspectivas y hacernos pensar.

    Me he reconocido en el adolescente que podía pasar horas mirando a su pareja desde abajo. Increíble.

    Chapeau.

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