El sadismo

Me veo en la necesidad de explicar el sadismo para una charla introductoria al BDSM que voy a dar próximamente y me sorprendo al ver que algo que puedo nombrar tanto, que tengo tan asumido en lo cotidiano e, incluso, normalizado, sea para tantas personas, lógicamente por otra parte, algo tan negativo, y con razón.

Lo primero es aclarar que tener una tendencia sexual sádica no quiere decir que se sufra de trastorno sádico de la personalidad. Lo primero es una parafilia. Lo segundo es un problema más grave y de difícil o imposible tratamiento.

Cuando en el BDSM se habla de sadismo se habla de sadismo con límites. Yo me considero una mujer sádica en el ámbito sexual lo que no se trasluce para nada en mi vida corriente y sólo dejo salir ese sadismo canalizado en mis sesiones y no en todas y no de la misma forma. Es un sadismo que Yo controlo, jamás se me va de las manos, incluso cuando pueda Yo estar es un nivel muy elevado de excitación y concentración, muy metida en mi rol. Puedo estar disfrutando mucho y puedo desear más, querer experimentar más placer con la práctica que esté realizando y, sin embargo, jamás pierdo la atención al comportamiento de mi sumiso. Por mucho que Yo desee más si mi sumiso da muestras de estar cerca del límite o de no estar asumiéndolo bien, bajaré la intensidad, si dice una de sus palabras de seguridad, cambiaré el juego o lo pararé y hablaremos. Siempre va a primar su bienestar incluso aunque él esté deseando complacerme y esté aguantando por encima de sus posibilidades. Es mi responsabilidad saber que lo está haciendo y frenar o parar. Su seguridad está por encima de todo. Así se traduce a la realidad el sadismo en el BDSM.

Por supuesto, no todo el mundo es responsable, de ahí la prudencia que debe existir a la hora de citarse para jugar. Hay una máxima que jamás debe olvidarse: no se debe restringir los movimientos del sumiso en las primeras sesiones ni el sumiso debe permitirlo hasta que no conozca al Dominante en situaciones de excitación. Una cosa es una charla en uno o varios cafés o cervezas, otra cosa son las personas en rol ya jugando o sesionando. Las personas en rol se transforman. Quizás ese/a Dominante comprensivo, tranquilo e incluso dulce, a la hora del juego se muestre tirano, duro y sin empatía y poco conocimiento. Hay que tener mucho cuidado con estas cosas.

Si un Dominante dice que es sádico lo lógico es preguntarle en qué prácticas, qué experiencia tiene y cómo reacciona ante situaciones en que el sumiso no le guste o no pueda más. La comunicación es muy importante. Analiza las respuestas y mira si te da sensación de seguridad y confianza. Pide referencias de esa persona. Más vale prevenir.

Hay un línea muy difusa, para mucha gente que ve el BDSM desde fuera, pero muy clara respecto a que el BDSM sean malos tratos o se abuse de los sumisos.  La diferencia es EL CONSENTIMIENTO. El sumiso consiente jugar o sesionar o estar con un Dominante que es sádico hasta los límites que ambos acuerden y esos acuerdos se van a mantener a raja tabla hasta que no haya posteriores conversaciones, evolucione la relación o se acabe.

El Dominante puede demostrar ser sádico en juegos diversos o puede no serlo en absoluto jugando a los mismos tipos de juegos de forma no sádica y puede tener claro que es Dominante y que los sumisos están para obedecerle y complacerle en lo que él/ella estime oportuno. Es decir, ser Dominante no implica ser sádico, y aunque he conocido a algún sádico que no era Dominante al final el sadismo tiende a la Dominación. Paradojas, el BDSM es un mundo lleno de paradojas.

En el caso de que el Dominante sea sádico puede disfrutar tanto con juegos en donde se produzca y genere dolor, como con la humillación, la denegación de orgasmos, la castidad, etc. Ya dependerá de los gustos personales para que el Dominante realice su sadismo y desarrolle esa faceta personal suya, porque el Dominante debe dejar que salga si siente que lo necesita. Encontrar un compañero de juegos que no le guste cierto nivel de masoquismo llevará, a mi juicio, conforme evolucionen los juegos, a frustrar al Dominante de tendencia sádica. Al igual que le ocurriría a un masoquista si no encontrara a un Dominante sádico.

Puede existir el miedo a dejar salir el sadismo por la habituación. Pongo un ejemplo ¿Y si dejo salir mi vertiente sádica y cada vez para disfrutar necesito producir más daño o más humillación? Si eres una persona centrada y coherente, si tu sumiso/a te preocupa, si eres empático, tú mismo sabrás controlar ese sadismo dependiendo de la persona con la que juegues. Si das con un masoquista podrás desarrollar esa faceta con más libertad y llegar más lejos teniendo SIEMPRE en cuenta que el RESPONSABLE de esa persona eres tú. Luego por más que pida el masoquista dolor, hay un límite que el Dominante responsable no va a cruzar. El límite es la SEGURIDAD del masoquista. Pida lo que pida.

Así que lo mejor, siempre, es probar poco a poco. Y jamás olvidar que estamos con personas que luego salen de esa sesión y deben salir bien. Deben haber disfrutado, deben haberse sentido protegidos, cuidados, incluso con un Dominante sádico. Y tras la sesión el aftercare. Ese Dominante sádico se ocupará del sumiso para que vuelva poco a poco a la normalidad tras la dureza y la intensidad de la sesión a la que haya sido sometido.

 

 

2 comentarios sobre “El sadismo

  1. Muy bien articulo. Creo que defines muy bien, el cuando el sadismo nos tiene a nosotros como juguete o cuando le tenemos a el. Lo cierto, es que en la mayoria de los casos, como pasaria con cualquier juguete, siempre buscamos aplicaciones nuevas o mayores intensidades.

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    1. Sí, buscamos formas distintas, eso es cierto. Intentamos ser creativos de manera que obtengamos nuestra recompensa sádica aunque siempre garantizando la seguridad de quien tenemos en nuestras manos. Gracias por tu comentario, Jaime. Un saludo

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