Señora, ¿me permite? I


 

El otro día releí esta entrada y me dieron ganas de remodelarla a la luz de mi propia evolución. Así que esta sería mi nueva visión de las presentaciones de los sumisos. Esto es lo bueno de un blog, que puedo revisitarme.

 

Señora, ¿me permite?

Así suelen, o solían, ser los inicios de conversación de los sumisos con las Dóminas. Pedían permiso para conversar con Ella, no se la abordaba directamente. Era la fórmula más extendida y permitía a la Dómina reconocer que el hombre que la abordaba era sumiso y sabía algo de protocolo. En el caso de que la Dómina supiera, a su vez, algo de esto que, por lo que veo, parece que tampoco empieza a ser frecuente. Muchos no lo usan por caduco e innecesario. No utilizarlo porque no encaje con tu forma de ser tampoco te exime de conocerlo.

El otro día, en Twitter, me quedé perpleja con una persona que presume de ser una profesional de la FEMDOM que decía de forma grosera que en el BDSM no existía el protocolo y retaba a que alguien le mandara el protocolo, según ella, inexistente del BDSM. Tiene miles de seguidores e imagino que decenas de ellos mantienen su estilo de vida. ¿Hace falta el protocolo? Es evidente que para ganar dinero con la FEMDOM no hace falta. En realidad, por lo que veo, para intentar ser alguien en este momento dentro de la FEMDOM con unas fotos sensuales y explícitamente sexuales, insultos y requerimientos en las redes, ya eres una top. 

Después de esta digresión continúo.

Cuando obtenían el consentimiento de la Dómina era frecuente que continuaran con ¿me permite que me presente? A partir de ahí daban datos e iban desgranando cierta información formal en donde hacían referencia a su edad, procedencia, estado civil, si tenían experiencia en sumisión y, en ocasiones, se definían de manera más concreta con el uso de alguna etiqueta: sissy, masoquista, age playabdl, pony play, fetichista, zorra, médical, rubberdoll, travestis o cross, etc y, de esa forma, facilitaban el camino para que la Dómina conversara con él o lo descartara en principio.

sumisión a la carta
Pensar antes de someterse

En este blog Yo generalizo hablando de un tipo de sumiso estándar y, sin embargo, hay muchos subtipos de sumisos, dependiendo de sus gustos, sus fantasía, sus deseos, su morbo, o el motivo que le mueva a la sumisión. Al igual que Amas hay de distintos tipos, así como hay switchs que tienen también sus propias particularidades.

Una presentación de ese tipo, por parte de un sumiso, antes más frecuente que ahora, implicaba que éste tenía muy claro lo que buscaba, había investigado, había probado, se conocía, y que su sumisión se activaba con juegos relativos a esa índole. Para muchos, la mayoría, en realidad, la sumisión es un juego de rol. Y por juego de rol no trato de decir nada peyorativo ni que implique no tomarse en serio la sumisión, ni siquiera entenderlo en su vertiente más lúdica puesto que para muchos esta forma de entender el rol implica un fuerte compromiso hacia su Ama. Es diferente entender la sumisión como juego de rol con una cesión de poder temporal y aquellos cuya sumisión implica un control de más aspectos de su vida persona, hasta aquellos que desean ser controlados en su totalidad. Son sumisos siempre.

La idea general que se tiene al empezar en el BDSM es que carácter y rol están en sintonía. Posteriormente uno se da cuenta que no suele tener nada que ver y que, incluso, hay cosas que parece a simple vista que no cuadran. Dominantes con carácter dócil y dulce y sumisos seguros e independientes. Para algunos se produce una identificación entre rol y carácter y para otros no. Si el rol y el carácter es paralelo, lógicamente, ser sumiso o Dominante puede extenderse a facetas más amplias que al juego sexual (insisto en que no hago referencia a genitalidad). Si no están en sincronía sería absurdo pretenderlo.

El sumiso/a antes de nada buscaba información, ahora, en cambio esperan que alguien, una Dómina o un Dominante se dedique a formarlo, a enseñarlo, a iniciarlo, a explicarle, a llevarlo de la mano como si de un niño/a chico/a se tratara. Pareciera como si el infantilismo de esta sociedad, cada vez más acusado, lógicamente se extendiera al BDSM y, así, este mundo, que para algunos no es más que una proyección de las Sombras de Grey y su edulcoramiento, llega a ser decepcionante, y con razón.

Al BDSM uno debe entrar como adulto responsable y si se empieza joven ir con mucha prudencia porque en caso contrario se puede uno llevar grandes chascos y tropiezos, por decirlo suavemente. El BDSM puede ocultar verdaderos peligros porque en él también aterrizan personas que arrastran problemas mentales de diversa índole, algunas de ellos graves y no siempre son evidentes. Soy consciente que esto se lee pocas veces y todos lo sabemos. De nada nos sirve decirnos que eso puede ocurrir en cualquier circunstancia, es verdad, nos podemos cruzar con un enfermo en cualquier circunstancia de nuestra vida. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el BDSM es una especie de sumidero de personas normales, raras, complejas, explícitamente enfermas camufladas entre unas prácticas que pueden llegar a ser potencialmente peligrosas no sólo física sino psicológicamente. 

Dicho esto continúo. Cuando Yo comenzaba, ese tipo de presentación de los sumisos que se clasificaban según alguna etiqueta, me hacía pensar que en el caso que me interesara esa persona sus propios gustos me condicionarían, y, lógicamente, no me gustaba ser condicionada. Pero, en buena medida, en realidad esto no llegó a pasar nunca porque descubrí que si no actuaba como ellos esperaban no les interesaba conocer en realidad a la persona. Su propio deseo determinaba el descarte de la posible Ama. Esto me lleva a la conclusión de que, en realidad, se sometían a las prácticas, no a la persona.

Sólo serían capaces de respetarme como Ama, en el caso en que aprendiera exactamente lo que a ellos les gusta, en el caso de no saber. Algunos fanáticos del Médical me lo han aclarado. Dispuestos a cederse y a enseñarme ¿para qué? Pues para actuar en función de sus intereses. Respetable y poco interesante para mí por mucho que quiera aprender de Médical. Nunca bajo sus condiciones y, por supuesto, nunca como su Ama.

 

3 comentarios sobre “Señora, ¿me permite? I

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